Esta historia es un breve resumen de una de las etapas de mi vida como inmigrante, la cual me ha enseñado a mirar la realidad desde varios puntos de vista en el camino de construir una vida mejor para el día de mañana.
Recuerdo que en Diciembre de 2002 Alex y Yo decidimos cambiar el estilo de vida, es decir viajar a España en busca de una calidad de vida
mejor para el futuro de nuestro hijo.
Estábamos llenos de ilusiones a la vez con mucha incertidumbre porque viajábamos a un mundo desconocido, realmente solo sabíamos que iríamos a trabajar mucho, que tendríamos que estar dispuestos a todo; pero lo que nos entristecía era que viajaríamos sin el pequeño Alex Daniel.
Esta es una fotografía tomada desde el avión cuando estábamos volando con destino a Madrid, hicimos escala en Bonaire y en Amsterdam pasamos el Control de Migración, después de 17 horas de viaje llegamos a Madrid, nos esperaba la tía y la madre de Alex.
Todo la aventura que pasamos con Alex en el avión fue sorprendente, su mirada cómplice me daba seguridad para no retroceder, parecíamos dos niños subidos en una noria gigante...
Cuando nos recogieron del aeropuerto su tía nos llevó al piso donde vivía, dormimos toda la tarde, pero antes llamamos a nuestros familiares que quedaron en Ecuador. Luego de nuestro descanso viajamos con destino a Zaragoza, camino a la Estación Sur de Autobuses miraba una ciudad fantástica llena de luces, las calles colapsadas por el tráfico de turismos y las aceras con muchos peatones con una marcha acelerada y cuando por accidente te golpeaban al pasar, siempre se disculpaban. Bueno y lo mejor de todo fue el subir en el Metro, aunque ya habíamos visto por la tele, pues no era lo mismo que vivirlo. Ya viajando en el autobús nos pasamos conversando con la madre de Alex, Teresa, de todas las novedades que habían ocurrido en Ecuador y ella en cambio nos comentaba el estilo de vida que se llevaba y probablemente nosotros también.
Debo reconocer que la generosidad con la que nos recibió Teresa fue impresionante, nos enseñó Zaragoza, de Norte a Sur con sus respectivos lugares históricos y comerciales, realmente gracias a ella me he enamorado de esta ciudad tan acogedora debido también a la amabilidad de sus ciudadanos.
Entonces fue cuando me di cuenta que teníamos muchas proyectos por emprender, pero no era conciente de que debía ser paciente para poder conseguir mis metas, era una ansiedad por realizar todo a la vez y tenerlo hecho en un instante, para así poder volver junto a mi hijo.
Pasaban los días y Alex no conseguía trabajo puesto que no teníamos el permiso de residencia y trabajo; él se sentía muy frustrado y yo intentaba animarlo; sin embargo conseguí trabajar en varias casas y en un restaurante y así pasábamos los días, intentando ahorrar para pagar los gastos generados del viaje.
Continuará...